Maryní Callejo

PRODUCTORA

Nombre: María de las Nieves Callejo Martínez-Losa

Origen: Madrid

Período de actividad: 1959-2003

Desempeño: Productora

Estilo musical: Pop

ACTIVIDAD

(por J.M.Moratinos)

María de las Nieves Callejo Martínez-Losa nació en Madrid en 1945. Criada en el barrio de Argüelles -vivía con sus padres en la calle Ferraz-, desde pequeña tuvo claro que su vocación era la música, y no vaciló: con apenas 14 años termina la carrera de piano en el Conservatorio madrileño. Tenía un brillante futuro por delante, con una beca recién adquirida para estudiar virtuosismo en Italia y Alemania. Sin embargo, su padre enfermó y los planes de la joven Mari Nieves se truncaron de repente, pues tuvo que quedarse en casa ayudando a su madre. Hasta ahí la carrera musical clásica de Mari Nieves, aunque pronto comenzaría otra mucho más fructífera y exitosa.

En 1960 se junta con cuatro compañeros del colegio de Guadalupe y forma su primer grupo, Los Brujos, un quinteto que es fichado por el sello Zafiro y que tres años después, en 1963, reconvierte en cuarteto, cambiando el nombre por Los 4 Brujos (ver entrada “Los Brujos” en Sala de grupos).

En 1964 Zafiro es consciente de las grandes cualidades musicales de Maryní y, tras la disolución de Los 4 Brujos, queda al servicio de la casa, iniciando su etapa como productora y arreglista para otros artistas del sello discográfico. Será cuando, de pronto, reciba una oferta tan ambiciosa como ineludible que la va a propulsar profesionalmente a la cresta de la ola: el lanzamiento de Los Brincos.

A mediados de 1964, Luis Sartorius, después de dejar Los Estudiantes y aún como ejecutivo de Philips, quiere conformar un proyecto de Beatles a la española, y a tal fin ha reclutado a su ex-compañero de grupo Fernando Arbex, además de Juan Pardo y Antonio Morales “Junior”, ambos procedentes de Los Pekenikes, y al bajista de The Blue Shadows, Manolo González. Y logra convencer a Zafiro, que recién ha fundado su filial Novola para nuevos artistas. Están así a punto de nacer Los Brincos; pero justo unos días más tarde Sartorius fallece en un fatídico accidente de coche en el centro de Madrid, antes de ver empezar a andar su proyecto. Es entonces cuando Zafiro echa mano de Maryní Callejo. Ella recuerda su primer encuentro con el grupo: “En la editorial de Algueró padre conocí al propietario de Zafiro, Esteban García Morencos. Con él fui en su coche a verlos a una actuación cuando no los conocía nadie. Me enamoré de ellos, eran geniales”.

Lo mismo que a George Martin se le consideró el quinto Beatle, Maryní Callejo será desde el principio la “quinta Brinco”. Es un inmenso reto para ella, pues sólo tiene 19 años cuando empieza con el grupo. Pero su sólida formación clásica y su conocimiento de la producción musical constituyen el canal idóneo por el que -como Martin con los Beatles- las chispas creativas del cuarteto se ven plasmadas tanto en el arreglos de voces y teclados como en la escritura de partituras para la editorial y registro en la SGAE (ya que ninguno de los cuatro Brincos sabía leer ni escribir música). “Tuve que poner un poco de orden en las alocadas ideas del conjunto”, bromeó alguna vez. Por su parte, Manolo González, bajista del grupo, declaró en cierta ocasión: “Fue un oasis de intelectualidad en un grupo rudo, con poco nivel cultural… En realidad, Maryní, en el trato con nosotros cuatro, era como un Brinco más. Se ilusionaba con todo lo que hacíamos y su opinión era de gran importancia para todos nosotros. Durante toda nuestra carrera, existió esta especie de simbiosis entre Maryní y nosotros”.  

“Flamenco”, “Borracho”, “Mejor”, “Tú me dijiste adiós”, “Un sorbito de champagne”, “Lola”…  Maryní no sólo arregla y edita partituras de los temas (incluso acaba siendo coautora de alguno de ellos), sino que produce en estudio, dirige y graba partes de piano; y también viaja con ellos a los estudios Saar de Milán para la grabación de su segundo LP. No obstante, su relación con Brincos se enfrió algo en los últimos años del grupo, en parte por la evolución de su estilo y también por encargos de otros artistas a los que Maryní hubo de atender.

Y es que en 1965, tras el enorme éxito cosechado con los Brincos, García Morencos encarga a Maryní otro proyecto de no menos envergadura: asistir a Marisol en su etapa de transformación de niña prodigio a cantante más madura. A las órdenes de Callejo, Pepa Flores grabará en italiano “Il mio mondo e qui”, con el que se presentará en Japón y recorrerá media Europa en su compañía.

También en 1965 y con Zafiro relanzó a Los Relámpagos, produciendo su célebre “Noche de relámpagos” que les consolidó como uno de los grandes conjuntos instrumentales del pop de la época. Igualmente tuteló los inicios de Juan y Junior en 1967 tras su separación de Los Brincos. Y a Massiel con sus “Rosas en el mar”…

En 1968, y tras cuatro años con Zafiro, Maryní ficha con Polydor (Philips/Fonogram), donde se reencuentra con Pablo Herrero y José Luis Armenteros, quienes recién habían abandonado Los Relámpagos. Este nuevo dúo de compositores había sido asignado por el sello para reorientar a un nuevo grupo que venía de pinchar con su primer single. Con ellos Maryní rediseña su sonido, y a partir de su segundo single, “La playa, el sol, el mar, el cielo y tú”, Fórmula V inicia una carrera de éxitos encadenados de siete años (“Tengo tu amor”, “Cuéntame”, “Cenicienta”, “Eva María”… más muchas impagables caras B de estos sencillos) de la mano de ese tándem mágico Herrero-Armenteros/ Callejo. 

De 1968 fue también su labor con el quinteto Shelly y Nueva Generación. Aunque el grupo sólo duró dos años (y 3 sencillos), sorprendió el gran carisma escénico y la voz de la cantante Shelly, que mereció más suerte. 

Al año siguiente, otro de los fichajes de Philips, Daniel Velázquez, inicia su carrera en solitario tras abandonar su grupo Cefe y los Gigantes. Opta al festival de Eurovisión de 1969 con una canción que le compone Juan Pardo, “Palabras”, que los arreglos de Maryní convierten en una de las baladas más intensas y redondas del pop español. El tema no tiene el reconocimiento que prometía, pero sirve para encauzar la carrera relativamente exitosa de este magnífico vocalista madrileño.

En paralelo, Maryní producirá a la joven cantante coruñesa Tara (Mª Teresa Pérez Guerra), que defendía a la par con Daniel Velázquez la canción “Palabras” en el certamen pre-eurovisivo. Tara poseía unas cualidades enormes para el blues y el soul (le llamaban la “Janis Joplin gallega”). En junio de 1970 grabó todo un álbum en directo desde la discoteca J&J de Madrid, algo insólito para la época, apareciendo con frecuencia en televisión por algún tiempo. Lo tenía todo para triunfar; sin embargo, tras grabar dos singles más ese año (y otro en 1974), desapareció por propia decisión del mundillo musical. Un caso tristemente parecido al de Shelly.

                                                                                                                                                                      Mucho tuvo que ver también Maryní Callejo con el éxito del gran Nino Bravo. En un viaje a Valencia en 1969 con su amigo José Luis Armenteros descubre al cantante valenciano cuando aún no ha adoptado su nombre artístico. “Al escucharlo nos quedamos prendados y, por supuesto, recomendamos que lo ficharan”, afirmó Maryní. Apenas dos años después le hizo el arreglo para “Un beso y una flor”. Sin embargo, “la canción la hicimos entre José Luis y yo, aunque luego la firmó él”, concluiría ella.

Maryní Callejo vivía esos años en y del éxito de su exquisita labor musical, siempre en la sombra. Eso sí, una de sus mayores satisfacciones fue, cuando en el festival de Benidorm de 1970 conoció a Aretha Franklin, quien la felicitó por su trabajo de producción y repertorio con la cantante Judy Stephen, afincada en España. Aunque no todo fueron laureles. En 1972 lanzó al grupo Spain, que no funcionó. “Es la espinita de mi carrera”, luego reconocería.

Ya entrados los años ‘70 Maryní Callejo se convierte en productora independiente. Lanza a Enrique y Ana, asiste a Phil Trim en el inicio de su carrera en solitario, tras la disolución de los Pop-Tops… Y vuelve con Massiel en 1976 y le produce tres álbumes (canciones como la famosa “María de los Guardias”, del cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, llevan la firma de sus arreglos), más una gran campaña promocional con actuaciones en la URSS entre 1974 y 1977.

Asimismo, dirige las actuaciones de Rocío Dúrcal a un lado y otro del Atlántico durante casi una década, hasta que la enfermedad obligó a la vocalista de rancheras a dejar los escenarios.

En 1978 se encarga del relanzamiento de Mari Trini. La cantautora murciana atravesaba por entonces un bajón de popularidad, y durante seis años Maryní (y en ocasiones Danilo Vaona), trabajarán para actualizar su sonido y su imagen. Desde el brillante álbum “Sólo para ti” de 1978 hasta “Diario de una mujer” de 1984, con temas memorables como el soberbio “Palabras” (nada que ver con el de Daniel Velázquez que Maryní produjera también nueve años antes), “Ayúdala”, “El desertor”, “Mírame” o la famosa “Una estrella en mi jardín”.

En 1987 Maryní Callejo funda su propio sello discográfico, Ágata Discos. Con él publica en 1991 su primer disco, “Un millón de besos”, pero a pesar de la calidad de las canciones y la producción, pasa sin pena ni gloria. Continuó realizando pequeñas producciones: entre las más destacadas, la del grupo Pop de Block, con el que graba el álbum “Ley natural” en los estudios Logical Sound de Coslada (Madrid) en abril de 1990. Pero el disco tarda casi un año en publicarse y no consigue la repercusión que se esperaba.

Poco a poco su labor de producción decae. “La música es mi vida –comentó–. Pero en 2002 tuve un arrechucho y la mano se me quedó un poco tonta y ya no toco como antes. Me construyeron un piano de cola para un sitio de playa como Málaga. Antes tocaba cinco o seis horas cada día, ahora tengo las manos de trapo.” 

A punto de jubilarse, la gran Maryní Callejo recibió de la SGAE el Premio a la Difusión de la Música en 2003, ex-aequo con otro grande como Rafael Trabucchelli. Sin duda, una doble deuda que la música española tenía pendiente durante años. Desde entonces, Maryní lleva una vida apacible junto al mar en su retiro de Málaga. 

Es sin duda una de las figuras claves del naciente pop-rock español a inicios de los años ’60. Maryní Callejo fue con todo honor y derecho la primera mujer productora de nuestra música, responsable del éxito de grupos tan icónicos y legendarios como Los Brincos y Fórmula V. Injustamente ignorada para el gran público durante décadas reivindicamos su labor de genio en la sombra, legado básico en el desarrollo del pop español.

ANÉCDOTAS de Maryní Callejo

“En los ‘60 fui la primera y única mujer que durante mucho tiempo ejerció de productora. Y no me paraba a pensar si por el hecho de ser mujer tenía que enfrentarme a alguna cortapisa. Trabajaba como una mula y demostré que podía hacerlo perfectamente. Incluso, conté con el reconocimiento de muchos músicos españoles, pendientes de cualquier grabación que surgiera para trabajar conmigo”.

“Siempre he estado detrás de los artistas, de ellos era el protagonismo. Nadie me habrá visto ir por mi pie a la televisión o contar esto y aquello. Yo me esforzaba en hacer lo mejor posible mi trabajo, y ya está.”

“Con todos mis artistas ha existido, más que una relación de trabajo, una amistad. Con todos: con Brincos, con Mari Trini, con Massiel… Soy la madrina de su hijo.”

“Con Rocío (Dúrcal) recorrí toda América, pasé temporadas viviendo con ella y con Antonio (Junior); los niños me llamaban Tita Miní, era parte de la familia.” 

“Ahora no hay melodía, salvo dos o tres cantantes… Quitas a Rihanna, a Alborán, a Malú y queda poco. (…)  Ahora no me pidas que toque ninguna canción de hoy por muy bueno que sea el intérprete. No hay canciones como las de Beyoncé, Whitney Houston o Michael Jackson, que lo llevo en mi móvil desde el día que murió. No pienso quitarlo nunca.”

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